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LOS KUBA: HISTORIA Y ARTE
 
(Bacouba, Bakuba, Bushongo)

República Democrática del Congo

 

Fueron sus vecinos, los luba, quienes les dieron el nombre de kuba o "pueblo del rayo". El rey nwim es elegido en la subtribu de los bushoong o "lanzadores de cuchillos". Unos setenta mil kuba, en regresión respecto a 1938, y las tribus emparentadas kete y cwa vivían en una región de valles bañados por numerosos ríos de dirección sur-norte, bordeados de bosques y colinas cubiertas por la selva.


Los mitos y leyendas kuba contaban la creación y organización del mundo y los hechos heóricos. En la residencia real, hecho excepcional en el África negra, existía un dignatario encargado de conservar las tradiciones y velar por su transmisión. Se han difundido varias hipótesis acerca de su instalación en la región: según parece, los kuba llegaron desde el este y toparon con los europeos a poca distancia del mar, viéndose entonces obligados a escapar para ocupar la zona actual, lo cual explicaría sus vínculos con las tribus de la costa. Durante el Siglo XIX tuvieron que defenderse de varias invasiones luba y su historia está jalonada por revueltas y levantamientos: los bushoong, que habían sometido al conjunto de los kuba, exigían el pago de un tributo. El rey vivía en la capital, en el mushenge o palacio cercado por una empalizada, rodeado de su consejo, komono, y los funcionarios. La población del mushenge no cultivaba la tierra y vivía de los tributos que pagaban los poblados.


Los adivinos, brujos, herreros y fabricantes de máscaras trabajaban los campos a tiempo parcial. Un primer viajero portugués visitó el país kuba antes de la llegada de Wolff, miembro de la expedición Wissmann en 1883. La región, sin embargo, permaneció aislada hasta 1904 pese a que los europeos navegaron por los ríos Kasai y Sankuru y a la instalación de algunos puestos. Los poblados, pequeños y formados por una docena de viviendas, albergaban a un mismo linaje. Las chozas rectangulares se ordenaban en dos filas que dejaban en el centro un espacio para las chozas que contenían los objetos rituales y los hangares donde trabajaban los artesanos. Los jefes de los poblados escogidos entre la casta más antigua residían apartados del poblado.


Las labores de los campos, exceptuando la roturación, era cosa de las mujeres, que cultivaban mandioca, maíz, calabaza, el plátano tropical, piñas y palmeras. El tabaco se reservaba a los hombres. La caza colectiva con red era una actividad de prestigio que fortalecía la cohesión social entre los lugareños; la caza individual se practicaba con trampas. La pesca en el río requería la participación de todo el pueblo para fabricar las canoas. La tierra, propiedad de la colectividad, la repartían los jefes de tierra que residían en la capital. Los terrenos de caza se "prestaban" a cambio de un tributo pagado al jefe. Vansina señaló en 1956 que los kuba habían superado ampliamente la economía de subsistencia gracias sobre todo a la presencia de los esclavos, que representaban el 6% de la población.


La sociedad kuba, estatalizada y muy jerarquizada, estaba marcada por una serie de inclusiones en progresión ascendente: la familia, el linaje, el clan y las asociaciones, que contribuían a conferir un estatuto al individuo. En cuanto a su organización política, el poblado se dividía en dos mitades, dirigida cada una por un jefe. Éste del poblado, asistido por los notables y el consejo, creaba una auténtica unidad política y reinaba sobre una comunidad real. Cinco o seis poblados formaban un cantón que, reagrupado con otros tres o cuatro más, constituían una tierra; las nueve tierras conformaban la jefatura bushoong que en 1956 contaba con 125 poblados, con un total de alrededor de doscientos diez poblados para el conjunto del reino. El rey, a la vez jefe del reino y de la jefatura bushoong, era de origen divino, estaba dotado de poderes sobrenaturales otorgados por sus antepasados o por la brujería, aseguraba la fecundidad de las coshechas, el éxito en la caza, la lluvia y el nacimiento de niños. Con este fin, el doble del rey asistía a los partos en la forma de una estatua, el ndop. La realeza protegía de la anarquía aunque la la cohesión era únicamente formal, ya que las instituciones formales eran débiles. Cada jefatura, representada por un delegado ante el rey, pagaba un tributo anual pero se mantenía independiente en el plano interior. Dos jefaturas podían estar en guerra entre sí sin que interviniera el rey salvo que se solicitara su arbitraje. Los cargos no eran hereditarios, sino que se redistribuían constantemente entre otros linajes. El mismo rey era elegido dentro del linaje pero su hijo no heredaba su dignidad. La entronización duraba un año: tenía que romper con su linaje y, para probar su estatuto, cometer incesto; luego, el día de la coronación, su madre se casaba con varios hombres para evitar que ninguno de ellos pudiese reclamar privilegios en nombre de su hijo.


Se ha podido constatar, además, una especialización a nivel del sexo, oficios y regiones: los tejedores, herreros, cazadores y constructores de canoas, los cantantes, danzarines y músicos se organizaban en corporaciones y cada uno conservaba su especialidad. En general, sólo había uno o dos escultores por poblado y su trabajo se consideraba muy importante. Sólo los más hábiles practicaban dicha actividad. Podemos encontrar también especialización a nivel de subtribus: los pyaang eran los herreros del reino; los kele y los ngeende, pescadores; los kete proporcionaban la sal, y los batwa eran los cazadores. Esta especialización permitía suponer un sentido del comercio muy desarrollado tanto en el interior como en el exterior del reino. Los kuba importan objetos de barro y marfil a cambio de cobre y de hierro. Los lulua suministraban esclavos, los pende introdujeron el tabaco,la rafia y la mandioca. Desde el siglo XIX los kuba estuvieron en contacto con los tshokwe, que subían paulatinamente hacia el norte. Había intercambios a tres niveles: esclavos comprados a los kuba contra tejidos europeos, que eran revendidos a los kuba a cambio de marfil.


Los kuba destacaban en la fabricación de objetos de prestigio para los dignatarios y funcionairos de la corte como copas y pipas, además de los tejidos llamados erróneamente "tejidos de Kasai". En realidad, los bushoong llevaban fabricándolos hacía poco tiempo; sólo los bangyeen y los bangwoon poseían la técnica de trabajar la rafia, que daba el aspecto aterciopelado y apretado de algunos tejidos fúnebres. En cambio, los bushoong adornaban estos tejidos con perlas, conchas y bordados ejecutados al principio por mujeres encintas que constituían así el tesoro familiar. Los tejidos de "terciopelo" eran la moneda de cambio para obtener la madera roja twool. Las insignias reales eran numerosas: el asiento, el cetro, la espada, el traje, la máscara y las pulseras. El rey poseía como emblemas un tambor de reino y el ndop donde se le representa sentado sobre una peana, con las piernas cruzadas y su emblema ante él.





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